martes, 30 de agosto de 2011

Hambre



Yo conozco a otros suicidas
que se guardan el temor en la osamenta,
que se bañan en licores almibarados y  
que se tallan con estrellas los raspones desfluorescentes
por la influorescencia de la vida.

¿A dónde se nos fue el color?
¿A quién se le ocurrió dejar a oscuras
a estos oscuros inconsolables?

Me han dicho de su llanto a mediodía
y sé de su embriaguez disparatada;
tienen hoyos en el cuerpo
y minúsculas frases de la muerte esperando
– no sé por qué esperando- un beso dulce,
y luego gotitas vilicas en consecuencia
de las brutales bestias que les gritan desde dentro:

¡Hambre, una caja torácica!,
¡Hambre –no sufras- tu eres el sufrimiento!
¡Hambre -son de frágil compañía-¡
¡Hambre -son baratas válvulas de escape no por el escape
sino porque no funcionan los inservibles-!
¡Hambre -son bombas hechas a medida-¡
¡Hambre -reconstruyen, se convierten, te destruyen-¡
¡Hambre, alguna vez soñé contigo!
¡Hambre, ¿qué es el advenimiento?!
¡Hambre,
esos suicidas te tienen hambre!

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