martes, 30 de agosto de 2011

Hambre



Yo conozco a otros suicidas
que se guardan el temor en la osamenta,
que se bañan en licores almibarados y  
que se tallan con estrellas los raspones desfluorescentes
por la influorescencia de la vida.

¿A dónde se nos fue el color?
¿A quién se le ocurrió dejar a oscuras
a estos oscuros inconsolables?

Me han dicho de su llanto a mediodía
y sé de su embriaguez disparatada;
tienen hoyos en el cuerpo
y minúsculas frases de la muerte esperando
– no sé por qué esperando- un beso dulce,
y luego gotitas vilicas en consecuencia
de las brutales bestias que les gritan desde dentro:

¡Hambre, una caja torácica!,
¡Hambre –no sufras- tu eres el sufrimiento!
¡Hambre -son de frágil compañía-¡
¡Hambre -son baratas válvulas de escape no por el escape
sino porque no funcionan los inservibles-!
¡Hambre -son bombas hechas a medida-¡
¡Hambre -reconstruyen, se convierten, te destruyen-¡
¡Hambre, alguna vez soñé contigo!
¡Hambre, ¿qué es el advenimiento?!
¡Hambre,
esos suicidas te tienen hambre!

viernes, 26 de agosto de 2011

Postexplosión seremos




Este es un deseo desolvidado:
sembrar un campo de amapolas en el cielo,
esculcar sus sueños, hacer
kabooms de secretos también desolvidados
y extender viejos escritos
en su tangibilidad desértica
para que lluevan nuevos soles
y destripen los destierros viscerales
que me causa la alegría apoderándose de otros,
y ver que resbalen estos pensamientos
que acobardan y distraen
la legitimidad bronca que traigo impuesta en las ideas
para decir que solo a veces me siento humano. 

¿A qué demonio me encomiendo?
¿Cómo se lo reprocho a dios si lo matamos?

Esta vez no hay santificado
mas que el que fui esa noche dando tumbos
y gritando que muriera la poesía;
ya no hay fiesta de complicidad
y el cielo también quiere explotarse;
he ahí el des-olvidar,
la cortina de sal,
la imagen impronunciable tras los soles muertos;
he ahí la desvisceralización,
la trásfuga y la caída.

No hay mito incandescente,
hay palabra que adicha y sufrir lento,
más despacio que la ruta del agua a su propio universo
y una mansa impostura de querer ver estrellas
chapoteándose en tu muerte.

Agüita de nube,
se me acabaron los aplausos pero
pronto lloverá miel para los enfermos,
pronto seremos los dichosos del infierno,
los emancipados por querernos,
los que tendrán su cachito de cielo
en las fotos de los eternos.
Seremos la post-explosión y explotaremos.

El poema de las gotas de agua.


Recaer como en una gota de agua recaen
pensamientos de lluvia o de mar
o de rio entre tus piernas a las tres de la mañana.

Recaer como sol en el horizonte
mientras tus ojos esperan inquietos
la lluvia de tus pensamientos,
o el mar
o el sonido de rio que corre por tus piernas.

Recaer como ruido de rio
mientras el horizonte deja recaer el sol
para que pronto sean las tres de la mañana.

Recaer como rio entre tus piernas
sobre un mar que ya no existe.

Recaer en lo que ya no existe
con pensamientos de mar
para que se origine un horizonte.

Recaer en el origen de tus piernas
como gota de agua
en días de lluvia por los ojos.

Recaer en pensamientos de horizonte,
con sonidos de sol
que conduzcan al origen.

Recaer a las tres de la mañana
para que llueva en el horizonte,
y dejarme conducir hasta el origen
que posiblemente sean tus piernas,

Recaer posiblemente en tu mar o en el mío
mediante ruidos de lluvia
o corrientes de rio.

Recaer entre corrientes
para que exista el poema de las gotas de agua
y de lo que no existía,
es decir,
el horizonte.

Recaer mientras exista y existas
en el contexto de estos pensamientos,
o poema o palabras.

Recaer en ti.
Volverse a caer,
para levantarme con pensamientos
de lluvia,
o de mar
o de rio.